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Un día en cuarentena

Por: Denisse Wong

En esta cuarentena he tenido “suerte”, no sé de qué otra manera decirlo, en mi casa con luz, con comida todos los días en la mesa y una sensación de seguridad al estar con toda mi familia. Ella en cambio se encuentra con una constante sensación de miedo, miedo de estar en la casa con su pareja. Teme por ella y por sus hijos, teme por sus vidas.
 

Hice una reserva de los productos que más escasean en mi casa, que algunas veces son inexistentes. Tengo los únicos ejemplares existentes en esta casa y viven en la oscuridad de mi cajón, en el fondo, escondidos. Ella también hizo su reserva para esta cuarentena, un poco de dinero que se ahorró cortando gastos por ahí y por allá. Pensaba usarlo para ella, pero al llegar la cuarentena cayó en cuenta que ese dinero se iría en asegurarse que a sus hijos no les faltara nada.
 

En esta tarde soleada me piden que ayudará a poner la mesa, porque ya era hora de comer, en esta casa ninguna comida se pasa por alto. Mientras pongo los platos uso esos momentos para pensar, pensar sobre la vida. Ella usa esos momentos para pensar en la muerte, en que sería de sus hijos si le pasa algo a ella. Sabe que él no se contendrá si algo lo hace enojar, que lo desquitará con ella. Pero también piensa que él la ama y que es su culpa, si todo no está perfecto, que se puede desquitar con ella. Con un temblor en sus manos continua poniendo los cubiertos esperando los porrazos en la puerta principal.
 

Al igual que ella espero el crujido de la puerta que nos avisa que mi madre volvía de sus guardias en el trabajo. No va todos los días, se turnan, la oficina no se puede quedar en pausa ni por el virus. Ella abre la puerta con un terror asomando sus ojos. Le llega una bocanada de aire que apesta a cerveza, y ella lo sabe antes de que él le diga. No hay más trabajo, no hay más dinero, todo se fue en un six que se paró a comprar unas cuadras atrás.
 

Horas después estoy sentada en mi tapete cerrando el libro para reflexionar sobre las sonatas de Bach y su debida interpretación según la señorita Kohut. Ella está sentada llorando mientras recibe una paliza por parte de su marido, le dice que es su culpa que lo despidieran, que la comida era horrible, que, si no sabe hacer eso, que no sirve para nada. Cada insulto que brota de su boca va acompañado con un golpe para ella. Ella implorando que pare, él utilizando el peso de su cuerpo para ahorcarla hasta la inconciencia, eso si se lo preguntas a él. No le puedes preguntar a ella, a menos claro que hables con los muertos. Yo podré irme a acostar y despertar al día siguiente, pero ella no. Ella jamás despertará.
 

Esta historia es un contraste de lo que sucede. Esta historia es por todas esas mujeres que fueron
asesinadas esta cuarentena. Para las mujeres que viven bajo ciclos de violencia y no pueden salir.
Queremos justicia.

Publicación: 06 Junio 2020 | 10:00 a.m. | México

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